Oro: la tormenta perfecta de tipos y empleo sepulta las ganancias anuales y abre el debate sobre el soporte de los 4.000 dólares
11.06.2026 - 03:35:21 | boerse-global.de
Cuando la lógica apuntaba a que el oro brillara como activo refugio, la realidad ha sido bien distinta. Las operaciones militares de Estados Unidos contra Irán y el cierre del estrecho de Ormuz —que disparó el crudo Brent por encima de los 95 dólares el barril— no han servido para apuntalar el metal precioso. Al contrario, el miedo a que la escalada energética alimente la inflación ha tornado cualquier compra de cobertura en una huida hacia los bonos soberanos.
Los datos de empleo en Estados Unidos han sellado la sentencia. En mayo se crearon 172.000 nuevos puestos de trabajo, una cifra que duplica las previsiones de los analistas, que esperaban alrededor de 85.000. Una economía que acelera no da margen a la Reserva Federal para relajar su política monetaria; al contrario, los futuros sobre tipos descuentan un precio del dinero en el entorno del 3,87% a cierre de año. En ese escenario, el oro, que no ofrece rentabilidad periódica, se vuelve un lastre frente a los bonos que sí la proporcionan.
El correctivo ha sido brutal. El metal precioso ha perforado el nivel psicológico de los 4.200 dólares y cotiza ahora en los 4.189 dólares por onza, lo que supone un desplome del 11,73% en el último mes. Con ese movimiento, todas las ganancias acumuladas desde enero se han esfumado. Además, la cotización ha roto por primera vez en casi tres años su media móvil de 200 días, un umbral que los analistas técnicos interpretan como una señal inequívoca de debilidad estructural. El índice de fuerza relativa (RSI) se sitúa en 27, en plena zona de sobreventa —un nivel que a menudo anticipa rebotes técnicos, pero que no garantiza un cambio de tendencia.
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La reacción de los grandes actores financieros no se ha hecho esperar. JP Morgan ha recortado su previsión de precio medio para el conjunto del año de 5.708 a 5.243 dólares por onza, citando el descenso de la demanda institucional. Sin embargo, el banco mantiene un objetivo alcista para final de ejercicio en torno a los 6.000 dólares, argumentando que la ingente deuda pública estadounidense erosionará el valor del dólar a largo plazo y que los actuales retrocesos no son más que una consolidación normal dentro de una tendencia alcista secular.
En el lado opuesto del mercado, la demanda física continúa ofreciendo un suelo silencioso. Según el World Gold Council, los bancos centrales adquirieron 244 toneladas netas en el primer trimestre, y solo en abril se sumaron otras 17 toneladas, con Polonia (14 toneladas) y China (8 toneladas) a la cabeza. Pero el dato más revelador es el de las inversiones en lingotes y monedas: 474 toneladas en el trimestre, la segunda cifra más alta de la historia, impulsadas sobre todo por compradores de China e India. Por primera vez, las adquisiciones físicas superan a la demanda de joyería, que sufre con los precios elevados.
A corto plazo, el panorama sigue siendo adverso. Los fondos cotizados apalancados están reajustando sus carteras, y mientras la inflación estadounidense no dé señales de moderación, la Fed no tendrá incentivos para cambiar el rumbo. La presión vendedora en los mercados de futuros sigue siendo intensa, y una recuperación sostenible solo se dibujaría si el oro logra recuperar el nivel de los 4.200 dólares, la cota que acaba de perder. Hasta entonces, el debate sobre si el soporte de los 4.000 dólares aguantará el envite se ha instalado en las mesas de trading.
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