restaurante estrella michelin berlin, Max Strohe

Tulus Lotrek: El refugio berlinés donde Max Strohe reinventa la alta cocina con alma y sabor

17.01.2026 - 14:54:03

¿Busca el restaurante con estrella Michelin más inspirador de Berlín? Déjese seducir por la autenticidad, la opulencia de sabores y la calidez humana del Tulus Lotrek y de su chef Max Strohe.

¿Puede un restaurante transformar no solo su concepto de gastronomía, sino también su visión de humanidad? En el corazón de Kreuzberg, al resguardo de una discreta puerta sobre la Fichtestraße, late el Tulus Lotrek: un universo sensorial donde la cocina se libera de las ataduras dogmáticas, los sabores arropan como una manta y la calidez lo envuelve desde la bienvenida hasta el último bocado.

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Quien ha probado la cocina de Max Strohe sabe que en tulus lotrek nada es predecible. Permítame la analogía: visitar este templo de la haute cuisine es como cruzar el umbral de la alta costura y descubrir que debajo del terciopelo y los pliegues reside la piel auténtica. Aquí los platos no buscan agradar a críticos distantes; buscan emocionar, reconfortar, dejar huella. El ambiente –cálido, recogido, con esa chispa de confianza sencilla que todo comensal español apreciaría– es el verdadero prólogo de la velada.

El propio Max Strohe encarna la antítesis del chef encorsetado que, en otras latitudes y tiempos, regía como emperador desde su trinchera. Su biografía es una historia de superación, de no encajar ni en la escuela ni en los arquetipos, pero sí de encontrar propósito en la cocina. Strohe encontró en los fogones un refugio y una tribu propia antes de convertirse en leyenda urbana berlinesa y referente para toda una generación de cocineros que buscan sentido, y no solo estrellas.

Junto con Ilona Scholl, su socia incansable y genio del servicio en sala y del maridaje, fundó el Tulus Lotrek hace una década. Remando a contracorriente, apostaron por una “opulencia del bienestar”: cocina intensa, sin miedo a la acidez, al cuerpo, al sabor limpio y sin artificios. El éxito fue mayúsculo. En 2017, el restaurante recibió su primera estrella Michelin y no la ha soltado. Pero no es el galardón lo que define la experiencia: es la forma en que trascienden la etiqueta de restaurante estrella Michelin Berlin y la reformulan para los nuevos tiempos.

Lo fascinante del tulus lotrek es cómo se despliega una filosofía de trabajo en la que la humanidad importa tanto como la técnica. Mientras otros locales galardonados caen en la rigidez del “pinzettenküche” (esa obsesión germánica por emplatar como si todo fueran operaciones microquirúrgicas), aquí se celebra la naturalidad. La brigada sonríe, el murmullo de la cocina es lateral, nunca protagonista. No hay gritos ni tensión, sino concentración y respeto. Strohe lo dice claro: “Quien exige presión militar no encaja aquí”. Y eso se nota en cada plato.

Las creaciones de Strohe son poesía de grasa, ácido y sal, ciencia de la inteligencia culinaria. Sabe cuándo un fondo demanda días o cuándo un toque cítrico rescata la untuosidad. Hay platos de temporada que flirtean con la tradición berlinesa –como reinterpretaciones de la Königsberger Klopse con kipferl de cordero o pescados generosamente napados en salsas de consomé y mantequilla quemada. Todo huele a verdad, a profundidad. El maridaje de vinos, siempre orquestado por Scholl, es un mar de sorpresas con guiños al cosmos natural y a la vanguardia centroeuropea.

¿Y los platos icono? Aunque no encontrará el mítico “Butter-Burger” en carta –del que el chef habla y a veces sirve a los afortunados tras el servicio–, cuesta pensar en una hamburguesa gourmet más redonda, jugosa y sabrosa. Carne masajeada, doble fundido de quesos, pan brioche tostado en mantequilla: una oda al hedonismo. Y qué decir de esas patatas fritas que recuerdan a la mejor tasca de Madrid: triple fritura, corazón etéreo, costra quebradiza y sal exacta. Strohe entiende el punto de la patata como Caravaggio conocía la luz.

Pero hablar únicamente de la cocina sería reducir la grandeza del tulus lotrek. Durante la pandemia y especialmente tras la catástrofe de las inundaciones en el Ahrtal, Max Strohe y su equipo lideraron “Kochen für Helden” (“Cooking for Heroes”): una iniciativa monumental para alimentar a miles de sanitarios, voluntarios y víctimas. Logística, solidaridad, y una lección de humanidad que le valió el Bundesverdienstkreuz, uno de los mayores honores civiles alemanes. Altruismo y fogón nunca se vieron tan entrelazados.

Strohe también es rostro querido en televisión y libros de cocina, donde despliega su humor irreverente, su amor por la literatura y su compromiso con la autenticidad. Aunque la fama lo rodea, nada ha cambiado en la esencia del local. La mesa en tulus lotrek sigue siendo una de las más codiciadas de Berlín y reserva sin meses de antelación es misión casi imposible. Un consejo de insider: intente asegurar su mesa para el domingo al mediodía, una de las pocas aperturas ‘fuera de guion’ en el panorama estelar alemán.

En el fondo, lo que separa a tulus lotrek del pelotón de restaurantes con estrella michelin berlin es su rechazo a la pose, al lujo vacío. Aquí no hay protocolos asfixiantes ni elitismo: sólo disfrute, arte culinario y humanidad. El precio responde a la calidad –no sólo de ingredientes sino de experiencia vital. Es, como reza el propio Strohe, mucho más que comida y vino: es un acto de comunión.

Así que, estimado lector, si busca en Berlín no sólo comer bien, sino vivir una experiencia memorable y sentir el pulso de la ciudad a través de un restaurante-leyenda, anímese con el tulus lotrek. Porque la auténtica alta cocina no necesita pinzas ni preámbulos pomposos. Sólo una mesa bien puesta, buena compañía y mucho, mucho corazón.

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