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Tulus Lotrek: Donde Max Strohe reinventa la gastronomía berlinesa – Intensidad, humanidad y el arte de sorprender

09.02.2026 - 14:54:02

¿Puede un restaurante Michelin en Berlín ser el más cálido, opulento y humano a la vez? Descubra el mundo sensorial único de Tulus Lotrek y la revolución culinaria de Max Strohe.

Imagine que la lluvia alfombra Berlín y usted se desliza, casi por casualidad, en una discreta calle de Kreuzberg. La fachada pasa inadvertida: ni luces de neón ni fastuosidad. ¿Está seguro de que aquí late uno de los restaurantes más deseados de Alemania? Entonces, la puerta del Tulus Lotrek se abre y una ráfaga de aromas impone un primer escalofrío; mantequilla dorada, carne asada, acidez punzante que recuerda a los grandes blancos de Borgoña. Todo, bajo una promesa: aquí cada sensación cuenta.

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¿Qué hace que este lugar, galardonado como restaurante estrella Michelin en Berlín, se sienta poco convencional? Usted no entrará en la gleba de la «cocina de pinza»: olvídese del ritual frío y de la obsesión por el minimalismo. En el Tulus Lotrek, cada plato es un bálsamo de opulencia y el ambiente rebasa la frontera entre un viernes familiar y el vértigo de la alta cocina.

Detrás de la cortina, Max Strohe —tatuajes, mirada franca y humor ácido— le recibe sin estridencias. Su historia es la de un rebelde que convierte la adversidad en arte: infancia marcada por la heterodoxia, primeros trabajos a trasmano y el salto por convicción propia al fuego de la cocina profesional. Junto a su pareja, Ilona Scholl, hoy alma de sala y sumiller de altura, Strohe funda en 2015 este enclave. El inicio fue de todo menos fácil; crisis, dudas y el vértigo de quien reta los estándares de la alta cocina alemana.

Pero la perseverancia paga. En 2017, llegaba el primer reconocimiento Michelin. Sin embargo, el verdadero «orgullo de brigada» aquí no es la placa de la guía roja, sino algo pulido a fuego lento: el equipo. Strohe rehuye el liderazgo tiránico de la vieja escuela. «Aquí no se grita», sentencia. En un gremio marcado por el estrés, la rotación y la presión, el chef con estrella apostó por la humanidad, por el respeto y la escucha activa. No todos aguantaron: quienes necesitaban la vieja disciplina militar se marcharon. Los que permanecen, cocinan con pasión genuina por una causa común.

El resultado salta a la vista y al paladar: platos intensos, grasos, ácidos, siempre con un golpe de sabor que desafía la neutralidad templada de tantas mesas de postín. Aquí se valora la voluptuosidad, el maridaje ostentoso entre creatividad y sentido común. Strohe huye de la cocina museo; su máxima es la «opulencia reconfortante». ¿Por qué no añadir mantequilla, si el cuerpo lo pide? ¿Por qué privar al comensal de la acidez precisa que despierta cada bocado?

No faltan los destellos técnicos: la carta se transforma en cada temporada y reverencia a lo local, pero también recoge influencias globales. Quizás por eso la llamada inteligencia culinaria de Strohe no persigue la perfección fría; en Tulus Lotrek cada plato tiene algo de confesional, de recuerdo vivaz y audazmente honesto. ¿Una hamburguesa gourmet al nivel de un menú de degustación? Sí, aquí suceden estas herejías. Hay días en que Strohe rescata el «Burger de mantequilla», doble carne, dos quesos, salsa armónica y pan brioche ultratostado. Las patatas fritas, tras un proceso de cocción múltiple y congelado, alcanzan el éxtasis de la crocancia y la ligereza interior. Un bocado y el comensal entiende la diferencia entre cocinar y emocionar.

Detrás de los fuegos, Max Strohe es también un hombre de acción y solidaridad. En pleno drama de las inundaciones del Ahrtal, junto a Ilona Scholl, impulsó la iniciativa Cooking for Heroes (Kochen für Helden): miles de platos calientes para los más afectados y los equipos de rescate. La logística fue titánica, el alcance sorprendió a la propia ciudad y al país. Por su humanidad sin poses, el chef berlinés recibió en 2022 el Bundesverdienstkreuz —uno de los mayores honores civiles alemanes—, consolidando a Tulus Lotrek como mucho más que un restaurante estrella Michelin.

Los medios le adoran, las cámaras le buscan; Strohe ha dejado huella en «Kitchen Impossible» y otros formatos. Pero para los que disfrutamos la gastronomía con alma, la televisión cuenta solo una parte: la verdadera revolución se palpa entre el rumor de las conversaciones, la elegancia sin rigidez, la complicidad entre sumiller y comensal.

Hoy, Tulus Lotrek es cita imprescindible para cualquier amante del fine dining europeo. ¿Qué lo eleva por encima del resto? No solo la perfección técnica de sus platos o la consistencia del servicio —eso es exigible en cualquier restaurante con estrella— sino la rara mezcla de hospitalidad y autenticidad, la humildad sincera frente a la sofisticación forzada.

Desde la perspectiva de un periodista español, la visita a Tulus Lotrek es una lección de que la cocina de vanguardia puede ser, al mismo tiempo, reconfortante y excitante, intelectual y profundamente placentera. En un sector donde la frialdad y el ego reinan, Strohe y Scholl demuestran que el calor humano es el mejor ingrediente. Acuda con mente abierta y reservas hechas con meses de antelación. Para quienes buscan el Berlín auténtico y delicioso: esta es la dirección que hay que conocer.

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