Oro: HSBC recorta su previsión por las dudas sobre la Fed y el repunte del petróleo tensa la inflación
Veröffentlicht: 11.07.2026 um 10:51 Uhr, Redaktion boerse-global.de
El oro se mantiene anclado en la franja de los 4.100 dólares, atrapado entre fuerzas que tiran en direcciones opuestas. La escalada militar en Oriente Próximo aviva la demanda de refugio, mientras que las señales restrictivas de la Reserva Federal y el encarecimiento del crudo inyectan presión inflacionista que perjudica al metal sin rendimiento. En este escenario de incertidumbre, HSBC ha rebajado sus expectativas para el lingote de forma significativa.
La entidad recortó su pronóstico para el precio medio del oro en 2026 desde los 4.864 hasta los 4.560 dólares por onza, y para 2027 lo redujo de 5.000 a 4.925 dólares. El ajuste refleja un entorno de tipos de interés que se muestra más persistente de lo que se anticipaba hace unos meses. La publicación de las actas de la última reunión de la Fed ha reforzado esa percepción: varios miembros del Comité abogaron por una subida de tipos antes de que el banco central optara finalmente por mantenerlos sin cambios. El mercado descuenta ahora una probabilidad del 63% de que el instituto emisor suba el precio del dinero en septiembre.
A ese cóctel se suma un factor adicional que aviva las alarmas inflacionistas: el apetito eléctrico de los centros de datos impulsados por inteligencia artificial. El presidente de la Fed de Nueva York, John Williams, señaló precisamente ese incremento de la demanda energética como el elemento que sigue con mayor atención. El petróleo, por su parte, ha dado un nuevo salto. Tras el fin de la tregua entre Estados Unidos e Irán el pasado 8 de julio, el crudo Brent repuntó más de un 7% y cotiza en torno a los 77 dólares por barril, mientras el WTI ronda los 73 dólares. Un petróleo más caro eleva la inflación y, por extensión, la tentación de la Fed de mantener los tipos altos.
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A pesar de la tensión, los últimos episodios militares no han desembocado en una ruptura total de la vía diplomática. El miércoles, las fuerzas estadounidenses lanzaron nuevos ataques contra objetivos en Irán, a los que siguieron represalias sobre Kuwait y Bahréin. Sin embargo, el presidente Donald Trump afirmó que Teherán ha mostrado disposición a alcanzar un acuerdo, y fuentes oficiales indican que las conversaciones de paz proseguirán pese a los enfrentamientos. El equilibrio entre conflicto y diálogo mantiene la prima de riesgo geopolítico sin dispararse del todo.
Frente a estas fuerzas cortoplacistas, la demanda estructural de los bancos centrales sigue apuntalando el mercado. En mayo, las autoridades monetarias incrementaron sus reservas de oro en 41 toneladas netas. Para el conjunto de 2026, los analistas proyectan compras soberanas de aproximadamente 850 toneladas, casi el doble del promedio anterior a 2022. La entidad emisora de China también habría realizado adquisiciones significativas en junio. Esta corriente de compra actúa como un soporte que mitiga, en parte, la presión bajista del dólar fuerte y de la rentabilidad del bono estadounidense a diez años, situada en el 4,53%.
El precio del lingote cerró el viernes en 4.127,60 dólares, prácticamente sin cambios respecto al día anterior (–0,12%). En la semana acumuló un descenso del 1,43%, aunque en el último mes muestra una ligera subida del 0,81%. Desde enero, sin embargo, el metal pierde un 4,93%. La distancia respecto al máximo histórico de 5.626,80 dólares alcanzado en enero es ya del 26,64%. Frente a su media móvil de 50 sesiones (4.365,48 dólares), el oro cotiza un 5,45% por debajo, y un 9,07% por debajo de la media de 200 días. El RSI, en 44 puntos, indica un mercado sin signos de sobrecompra ni sobreventa.
En el plano técnico, el metal se mantiene por encima de su media exponencial de 50 días, lo que abre la puerta a un rebote de corto plazo. Sin embargo, en el gráfico semanal emerge un patrón de cabeza y hombros cuya línea de cuello se sitúa en torno a los 4.200 dólares. Un cierre semanal por debajo de ese nivel podría abrir objetivos mucho más bajos, entre 2.575 y 2.750 dólares. Hacia arriba, la resistencia inmediata se sitúa entre los 4.162 y los 4.214 dólares. El próximo catalizador de calado será el índice de precios al consumo de Estados Unidos, que se publicará el 14 de julio. Un dato de inflación más débil de lo previsto aliviaría la presión sobre los rendimientos de los bonos y allanaría el camino hacia esa zona de resistencia. Hasta entonces, el oro seguirá oscilando al son de la geopolítica y de las expectativas de tipos.
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