Oro: el empleo débil y la tensión en Hormus atascan al lingote entre los 4.090 y los 4.214 dólares
Veröffentlicht: 12.07.2026 um 03:32 Uhr, Redaktion boerse-global.de
El oro cerró la semana en 4.127,60 dólares la onza, prácticamente sin cambios en la sesión del viernes (–0,12%), pero con un saldo semanal negativo del 1,43%. Desde que comenzó el año, el metal precioso acumula un descenso del 4,93% y se sitúa un 26,64% por debajo del récord histórico alcanzado en enero, cuando marcó 5.626,80 dólares. En el otro extremo, el mínimo de octubre pasado queda a apenas un 6% de distancia, lo que refleja hasta qué punto el mercado se mueve en una horquilla cada vez más estrecha.
El factor geopolítico ha añadido volatilidad a un contexto ya de por sí complejo. Los recientes enfrentamientos militares entre Estados Unidos e Irán en el estrecho de Hormus dispararon el petróleo —lo que avivó los temores inflacionistas— y, al mismo tiempo, impulsaron al oro como activo refugio. El resultado es un tira y afloja: la demanda de seguridad apuntala el metal, pero el encarecimiento de la energía refuerza el sesgo restrictivo de la Reserva Federal, para quien la inflación sigue siendo una preocupación central.
Precisamente el informe de empleo de junio añadió más leña al fuego. La economía estadounidense creó solo 57.000 nuevos puestos de trabajo, muy por debajo de lo esperado, y las cifras de abril y mayo se revisaron a la baja en 74.000 empleos. Esa debilidad alimentó la esperanza de que la Fed pudiera relajar su política monetaria, pero las actas de su última reunión muestran un banco central dividido: mientras algunos miembros abogan por mantener los tipos estables, otros piden nuevas subidas para domeñar la inflación. De hecho, los mercados valoran ahora con un 63% de probabilidad un alza en septiembre —frente al 54% de la semana anterior—, lo que eleva el coste de oportunidad del oro, un activo que no devenga intereses.
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La cita clave de la semana que viene será el miércoles, cuando se publique el IPC estadounidense. Un dato de inflación más persistente de lo previsto reforzaría la postura de los halcones de la Fed y pondría más presión bajista sobre el lingote. En el frente diplomático, circulan rumores de una posible reanudación de las conversaciones entre Washington y Teherán; si se concretara una distensión, la prima de riesgo geopolítico del oro podría reducirse temporalmente.
La demanda física tampoco ofrece un respiro significativo. Julio y agosto son tradicionalmente los meses más débiles para el mercado de joyería, y los elevados precios frenan la recuperación en China e India, los dos mayores consumidores. Sin embargo, en torno a los 4.000 dólares surge una demanda orgánica procedente de Asia, donde el oro se percibe como infravalorado, y los bancos centrales —encabezados por el chino— continúan comprando de forma estratégica, lo que proporciona un suelo firme al precio.
El análisis técnico dibuja un panorama ambivalente. El oro cotiza un 5,45% por debajo de su media móvil de 50 días (4.365,48 dólares) y un 9,07% por debajo de la de 200 días (4.539,11 dólares). La llamada «cruz de la muerte» —cuando la media de 50 días cruza por debajo de la de 200— sigue activa, pero cerca de los 4.000 dólares se ha formado un doble suelo de corto plazo que, junto con una cuña descendente potencialmente alcista, ofrece un contrapunto optimista. El RSI, en 44 puntos, indica neutralidad, mientras que la volatilidad anualizada a 30 días, del 27,01%, recuerda que los movimientos bruscos en ambos sentidos siguen siendo probables.
Para los próximos días, el soporte inmediato se sitúa en la zona de los 4.090-4.100 dólares. Una caída por debajo de ese nivel podría desencadenar nuevas ventas, mientras que un cierre sostenido por encima de los 4.214 dólares —y antes, la resistencia intermedia de 4.150 dólares— cambiaría el sesgo a corto plazo. Hasta entonces, serán los datos macro y las declaraciones de los miembros de la Fed los que marquen el rumbo de un mercado que no termina de decidirse.
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