Oracle: del 'strong buy' al desplome del 60% — el mercado de crédito pone precio al riesgo de la IA
Veröffentlicht: 18.07.2026 um 13:52 Uhr, Redaktion boerse-global.de
La paradoja de Oracle no tiene precedentes en la historia reciente de Wall Street. La compañía acumula una cartera de pedidos de 638.000 millones de dólares, su facturación crece a ritmo del 17% y 28 analistas recomiendan comprar sus títulos. Sin embargo, la acción se desploma un 60% desde su máximo histórico de septiembre y los mercados de bonos tratan a la empresa como si estuviera al borde del 'bono basura'. El problema no está en la demanda de inteligencia artificial —esa se mantiene imparable— sino en cómo se financia.
El viernes, las acciones de Oracle cerraron en 110,56 euros, un rebote diario del 1,79% que apenas maquilla la sangría. En la semana acumulan una pérdida del 10,29%; en el último mes, el 30,75%; desde enero, el 33,48%; y en los últimos doce meses, el 48,48%. El 17 de julio marcaron un nuevo mínimo anual de 105,10 euros, y desde el récord de 280,70 euros alcanzado el 10 de septiembre de 2025, el descenso asciende al 60,61%.
Técnicamente, la acción está sobrevendida. El RSI de 14 días se sitúa en 29,0, un nivel que históricamente ha precedido a rebotes. Pero la volatilidad anualizada a 30 días del 47,23% revela que los movimientos siguen siendo extremos y que ningún comprador se atreve a dar por hecha la estabilización.
El campo de batalla real está en los bonos
Lo que distingue a Oracle de una simple corrección de crecimiento es que su calvario bursátil se replica con igual intensidad en el mercado de crédito. La agencia S&P Global rebajó su rating de emisor a largo plazo de BBB a BBB-, a un solo escalón del 'bono basura'. Los credit default swaps se dispararon por encima de 125 puntos básicos, un nivel que no se veía desde la crisis financiera de 2009, pese a que el rating oficial seguía siendo investment grade.
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Y es que Oracle necesita financiación masiva. Para el año natural 2026, la compañía prevé captar entre 45.000 y 50.000 millones de dólares mediante nuevas emisiones de bonos y ampliaciones de capital. El 2 de febrero colocó un bono de 25.000 millones con vencimiento en 2029, acompañado de un acuerdo de emisión de acciones por 20.000 millones y una acción preferente convertible obligatoria de 100 millones de 'depositary shares' con un dividendo del 6,50%, emitida el 5 de febrero. La dirección ha asegurado que no recurrirá a más pasivos más allá de esta operación, en un gesto para apuntalar la credibilidad de su rating.
Ingresos récord, caja en negativo
El contraste entre el balance y la cuenta de resultados no puede ser más acusado. En el último ejercicio fiscal, los ingresos de Oracle crecieron un 17%, hasta 67.400 millones de dólares. Pero el gasto en inversiones de capital se disparó un 162%, hasta casi 56.000 millones, y el flujo de caja libre se volvió negativo en 24.000 millones. La deuda total asciende a unos 130.000 millones de dólares.
Los analistas manejan valoraciones muy dispares. El consenso de 34 casas de análisis fija un precio objetivo medio de 268,79 dólares (unos 256 euros al cambio actual), lo que implica un potencial de más del 100% desde los niveles actuales. Otras encuestas sitúan el objetivo en 220,24 euros. Las horquillas son extremas: Guggenheim pone su diana en 400 dólares, mientras que Stephens & Co. la limita a 164. La calificación global sigue siendo 'Strong Buy' en TipRanks, con 28 compras y cinco 'mantener' en los últimos tres meses.
En medio del temporal, Oracle mantiene su dividendo trimestral de 0,50 dólares por acción, con fecha ex-dividendo el 10 de julio de 2026. Un gesto de continuidad, pero simbólico ante lo que está en juego.
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Una apuesta concentrada en OpenAI
Un riesgo adicional acecha en la cartera de pedidos. Una parte significativa de los 638.000 millones de dólares en obligaciones de rendimiento pendientes depende de unos pocos clientes, especialmente de OpenAI. Esa concentración introduce un riesgo de contraparte que la dirección minimiza, pero que los inversores ya descuentan. Morgan Stanley, por ejemplo, se mostró cauto tras la financiación de febrero: esperaba una reacción constructiva inicial, pero advirtió de que se trata solo de un paso dentro de un programa plurianual de gasto intensivo en capital.
Oracle ha dejado de ser una historia de fundamentales para convertirse en un test de estrés del ecosistema de la inteligencia artificial. La acción cotiza cerca de su mínimo del año y profundamente sobrevendida, pero nadie sabe si el suelo está cerca. La respuesta no depende de los próximos resultados trimestrales, sino de la disposición del mercado de bonos a seguir financiando la mayor apuesta de infraestructura tecnológica de la historia. Hasta que esa pregunta se resuelva, Oracle seguirá siendo más un termómetro del sentimiento que una inversión de valor.
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