Nvidia: 81.600 millones sin China, pero Europa levanta 35 superordenadores como blindaje
22.06.2026 - 22:13:30 | boerse-global.de
El dilema de Nvidia no es de producto, sino de mapa. Mientras sus chips más avanzados acumulan polvo en un limbo regulatorio que separa Washington de Pekín, la compañía despliega en Europa una infraestructura que la convierte en columna vertebral del continente. Nunca antes un mismo trimestre había condensado tanta contradicción geopolítica.
El trimestre récord que llega sin una sola contribución china
Nvidia acaba de cerrar el primer trimestre de su año fiscal 2027 con ingresos récord de 81.600 millones de dólares. La cifra supone un 85% más que el año anterior y un 20% más que el trimestre precedente. El segmento de centros de datos aportó 75.200 millones, un 92% interanual. El consenso esperaba 78.800 millones. La compañía los superó con holgura.
Pero hay un agujero que pesa cada vez más en las cuentas. La vicepresidenta financiera lo confirmó durante la conferencia con analistas: ni un solo dólar de los 81.600 millones procedió de las ventas de chips H200 a China, a pesar de que Washington autorizó su envío a diez gigantes tecnológicos chinos, entre ellos Alibaba y Tencent. Pekín bloquea la recepción desde hace meses. El secretario de Comercio Howard Lutnick confirmó que el gobierno chino no permite a los compradores autorizados formalizar los pedidos.
Nvidia excluye expresamente cualquier ingreso de China en su guía para centros de datos. Y el efecto ya se nota. Jensen Huang declaró en abril que la cuota de mercado de Nvidia en China es virtualmente cero. Antes de las restricciones a la exportación, rozaba el 95% del mercado chino de chips avanzados para inteligencia artificial.
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La apuesta europea: 35 superordenadores y más de tres millones de investigadores
Mientras el frente asiático se enquista, Europa se convierte en el contrapeso estratégico. La ISC High Performance 2026, que se celebra esta semana en Hamburgo, ha servido de plataforma para desvelar una cifra que cambia la narrativa: 35 superordenadores de Nvidia están actualmente en construcción en distintos países europeos. Más de tres millones de investigadores tendrán acceso a ellos. La compañía asegura que su infraestructura impulsa más del 90% de la construcción de fábricas de IA en el continente. Desde el año pasado, se han instalado o anunciado 800 exaflops de capacidad.
La nueva plataforma Vera Rubin, presentada para el ámbito científico, acelera esa penetración. Equipada con computación de doble precisión nativa y todo el ecosistema de software de Nvidia, cada rack se convierte en un superordenador autónomo. Cinco fabricantes globales —Bull, Dell, GIGABYTE, HPE y Supermicro— ya producen sistemas de alta densidad basados en esta arquitectura, con capacidad para hasta 144 GPU por rack.
Los casos concretos demuestran la magnitud del despliegue. La primera fábrica de IA alemana, HammerHAI en el HLRS de Stuttgart, recibirá más de 850 GPU mediante Nvidia GB200 NVL4. La fábrica italiana IT4LIA superará las 8.000 GPU, con 82 exaflops para entrenamiento y 164 para inferencia.
El escenario bajista que los alcistas no pueden ignorar
No todo son luces. El estancamiento con China añade un riesgo estructural que ningún récord trimestral puede disimular. Washington exige a los compradores chinos garantías de que los chips no se destinarán a usos militares. Pekín desconfía de que los componentes sean manipulados o contengan vulnerabilidades ocultas al pasar por territorio estadounidense. El Consejo de Estado chino ha promulgado normas de seguridad en la cadena de suministro y promueve activamente la sustitución de tecnología extranjera.
Cada trimestre sin suministros a China fortalece a los competidores locales y erosiona la posición de Nvidia. El riesgo no es solo el negocio perdido: si el mercado chino se cierra definitivamente, la dependencia relativa de los grandes hiperescaladores fuera de China crece peligrosamente. La desaparición de un cliente de ese calibre dejaría a Nvidia sin el colchón que antes proporcionaba Pekín.
Aun así, el negocio principal marca un ritmo imparable. Para el segundo trimestre del mismo año fiscal, la compañía prevé unos ingresos de 91.000 millones de dólares, sin incluir ninguna contribución china. La cifra supera claramente la estimación media de los analistas, que se situaba en 86.800 millones. Los ingresos por redes para centros de datos —InfiniBand, Spectrum-X Ethernet y NVLink— alcanzaron 14.800 millones, un 199% más que el año anterior.
La ciencia como cliente final y la geopolítica como telón de fondo
Lo que diferencia a la expansión europea de otras ofensivas comerciales es la naturaleza de los proyectos. En el sistema JUPITER, alimentado con superchips Grace Hopper de Nvidia, se ejecutan cuatro investigaciones que abarcan desde el mapeo del cerebro humano a nivel celular hasta la simulación del clima terrestre con resolución de un kilómetro, pasando por el desarrollo de IA para redes móviles de próxima generación y la recreación de un ordenador cuántico universal de 50 cúbits.
Esa amplitud demuestra que la computación exaescala ha abandonado la categoría de investigación experimental para instalarse en la producción real. Las instituciones científicas son clientes especialmente fieles: una vez que los flujos de trabajo, los modelos y los ingenieros formados en CUDA se asientan sobre una plataforma, migrar es cuestión de décadas, no de trimestres.
Francia ofrece un ejemplo de cómo los Estados refuerzan esa tendencia. La fábrica de IA France, gestionada por GENCI, anunció en VivaTech una alianza con Nvidia para que startups y pymes accedan a infraestructura de computación de última generación. Un programa inédito en Europa.
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El telón de fondo geopolítico acentúa el movimiento. Estados Unidos mantiene restricciones a la exportación de GPU a nivel global y no descarta nuevas limitaciones. Europa observa la guerra de chips entre Washington y Pekín. Y mientras tanto, construye —en silencio, pero a velocidad récord— infraestructura basada en Nvidia.
La acción y la cita del 24 de junio
Los títulos de Nvidia cotizan en torno a los 184 euros, un 47% por encima del mínimo de 52 semanas registrado el pasado junio y un 9% por debajo del máximo histórico. El RSI se sitúa en 52, en terreno neutral. El consenso de los analistas fija un precio objetivo de 261 euros, lo que implica un potencial alcista del 42%.
El próximo 24 de junio la compañía celebrará su junta general de accionistas. En el centro del debate estarán las curvas de producción de Blackwell y Vera Rubin, así como la comercialización del ecosistema de IA. Los cuellos de botella en memoria HBM y empaquetado avanzado siguen siendo los puntos críticos. Los inversores esperan señales concretas sobre mejoras en los rendimientos y diversificación de la cadena de suministro.
La junta y las noticias de Hamburgo dibujan el perfil de una compañía que, al mismo tiempo, gana la apuesta por la infraestructura de un continente entero y debe explicar a sus accionistas cuánto durará esa ventaja. La respuesta que Nvidia está dando en Europa —en hormigón, silicio y exaflops— es clara: mucho tiempo.
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